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El director M. Night Shyamalan ha ejercido siempre cierta fascinación sobre mí. No puedo pensar en ningún otro cineasta que haya iniciado su carrera de forma tan prometedora como lo hizo él en 1999 con Sexto Sentido, sólo para hacer cada película posterior a ésta peor que la otra. Casi parece ser una fórmula matemática en funcionamiento. Comenzando con El Protegido, M. (¿o debería llamarlo con su apodo autoimpuesto de Noche (Night)?) parece que ha perdido su camino cada vez más hasta que finalmente tenemos la atrocidad llamada película de El fin de los tiempos en la que el conflicto principal radica en Markie Mark Walhberg huyendo del viento!
Asimismo cada filme ha sido menos y menos exitoso en términos financieros y he visto con un mórbido sentido de curiosidad hacia donde está dispuesto a ir en su siguiente intento por volver a la gracia de la audiencia norteamericana. Ver al autoconsiderado genio doblar su ego y mostrarnos a todos cómo cree que deberían hacerse las cosas, en sí misma, una forma de entretenimiento que puede ser tomado con un grano de sal de apatía. Hasta ahora, eso es.
Con su último intento, El último maestro del aire, Shyamalan ha ido demasiado lejos con su mediocre enfoque de trabajo en cine y ha tomado una historia querida y le ha sacado la alegría y la dicha. Basado en la serie animada de Nickelodean Channel, El último maestro del aire es material con enorme potencial y pudo haber hecho una película de acción que rivalizara con la trilogía de El señor de los anillos (o por lo menos con Crónicas de Narnia). En las manos de Shyamalan, quien escribió, produjo y dirigió, como acostumbra hacerlo, esta versión del cuento de fantasía es débil y desalmado y actúa como una deslumbrante ilustración del porqué él debería dejar las buenas ideas de otras personas en paz.
El último maestro del aire está ubicada en un mundo que ha sido dividido por siempre en cuatro naciones separadas: Agua, Tierra, Fuego y Aire. La gente, llamados Benders, pueden controlar el elemento de su nación y manipularlo. Hay uno, el Avatar, que puede manipular los cuatro elementos y mantener el orden y equilibrio entre las naciones. Cuando el Avatar desaparece el mundo se torna en confusión total y la nación del Fuego comienza una guerra por la dominación total.
Cien años han pasado desde la desaparición del Avatar cuando un joven nómada Airbender llamado Aang (Noah Ringer) es encontrado encerrado en hielo cerca de un pequeño pueblo en la tribu del sur de Agua. Aang es, por supuesto, el Avatar extraviado que huyó de sus responsabilidades y encuentra un mundo que está sufriendo debido a su incapacidad de aceptar su destino. Él decide que debe restaurar la armonía del mundo pero para conseguir esto, debe primero dominar a los cuatro elementos antes de destronar al malicioso Fire Lord Ozai (Cliff Curtis).
Ha habido mucha controversia en relación al reparto de esta película con diversas críticas señalando el hecho de que un puñado de personajes principales están interpretados por caucásicos mientras el filme y las caricaturas están basados en una sensibilidad decididamente asiática. Con todos los defectos de esta película, no siento que ésta deba ser una observación justificada. El mundo ficticio de El último maestro del aire es habitado por todos los sectores de la vida y parece que Shyamalan hizo un concentrado esfuerzo en poner a los africoamericanos, persas e indoasiáticos, todos en los mismos pueblos y no divididos en las diferentes naciones. El hecho de que el elenco entero no se componga de minorías que simplemente no debería ser un problema.
La película también muestra algunas secuencias de acción bastante sólidas. Los efectos especiales convencidamente nos muestran la forma en que la nación de fuego y de agua lucirían en el mundo real. Shyamalan monta algunas increíbles tomas largas que dan un vistazo de la violencia dentro y fuera tal como lo hizo el director Zack Snyder con sus espartanos en 300. El último maestro del aire es con justa razón un éxito visualmente pero pierde brío y concentración una vez que alguien comienza a hablar. Éste es un problema espantoso. Además, la película fue convertida en 3D ya que había sido terminada y se nota. Muy parecida a la extraña Furia de titanes unos meses antes, el efecto es mínimo y hace pensar que se trata de un triste intento para obtener unos dólares más por el costo de estos boletos.
Para prepararme para este filme, me senté y vi las tres sesiones de la serie animada y soy un fan. El show está muy bien contado, los personajes completamente realizados y la acción es épica. Es una extraña sensación ver la adaptación de un material con el que estás familiarizado y tienes conexión y no sentir nada, sabiendo que deberías estar volcado en él y energizado. Ver El último maestro del aire fue una experiencia hueca que frustró a más de alguno. No será sorprendente si éste es la única película de la serie y la historia continúa sin contarse. Shyamalan se ha probado que es incapaz de contar una buena historia. En cuanto a la producción de este filme ha dicho: “Mi esperanza es que se rompieron tantas reglas que creamos una nueva regla”. En esto triunfó. La nueva regla es que M. Night Shyamalan no consiga hacer más películas malas. Si esta no es una regla, debería serlo.
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