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Genocide

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Over the course of recent human history, we have witnessed many corrupt governments, racism, classism, and religious tensions. Sometimes these tensions bring about genocide, the intention to destroy a national, ethnical, racial or religious group. Genocide can include anything from killing, causing serious bodily or mental harm, purposely inflicting life threatening and inhumane living conditions, or imposing measures of birth control on a specific, targeted group.

On December, 9, 1948 the Convention on the Prevention and Punishment of the Crime of Genocide was approved in the UN and proposed for signature and ratification as resolution 260 A (III), which was activated  January, 12, 1951. This made genocide a crime under international law and was ratified by more than 20 countries from around the world.

Roots of genocide are political inequalities, economic crises and a history of conflict between different groups. These root factors may also combine with other influences such as obedience to authority and group pressures. For example, there is limited education among these people because of lack of infrastructure. When these people are not educated, they are easily manipulated. However, most people are reluctant to commit these atrocities, because they conflict with religious and familiar teachings and social norms. But, people can be conditioned to the point where perpetration of extreme violence becomes possible.

The state often plays an important role in this process and in the organization of genocide and other human rights violations.  The population that commits these atrocities is often conditioned to perform them. The state provides things such as long distance killing and dehumanization to serve as opiates to justify their actions. The state helps to define exactly who the “enemy” is, if they are an enemy outside of the moral community. The state might develop a bureaucracy of genocide that uses techniques such as “technicalization”; the use of technical vocabulary is a strategy of dehumanizing the individuals and groups to essentially label them.

Fragmentalization is the assignment of small specialized tasks to individuals in such a way that they do not perceive themselves as part of grand extermination plan.  They become accessories to the grand scheme. Finally, the state gives the perpetrators physical distance through things like industrial killing and long-distance weaponry such as firearms.

The situation in Darfur is a prime example of genocide.  Mass Murder, disease, starvation, tribal fighting, rape, violence and kidnappings are all results of the Sudanese genocide that displace people of Darfur every day. There are also a large number of child soldiers that are drugged and enslaved and forced to commit these atrocities. It is estimated that at least 300,000 people have died, more than 1.6 million people have been displaced from their homes, and over 200,000 people have fled across the border to Chad. Many now live in refugee camps lacking adequate food, shelter, sanitation, and health care.

Women and girls who leave the camps to gather firewood risk being attacked and raped by Janjaweed that are patrolling the countryside. 81% of Suadanese reported their village was destroyed, 67% reported witnessing or experiencing aerial bombing, and about 61% reported the killing of a family member. Genocide is an important issue to be aware of so we can stop it and prevent it from happening.

“We must always take sides. Neutrality helps the oppressor, never the victim. Silence encourages the tormentor, never the tormented."

—Elie Wiesel

Photo courtesy of Wikimedia Commons


 

Las guerras actuales en el mundo

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Muchos sociólogos concuerdan que es parte de la naturaleza humana estar en conflicto constante. Después de la sangrienta Segunda Guerra Mundial, debido a sus enormes magnitudes se creó la Organización de las Naciones Unidas, cuya tarea es ofrecer un foro para el diálogo entre países y velar por la paz mundial. A 65 años de su creación, la ONU sólo ha servido como un ideal utópico que parece imposible de alcanzar. A finales de la Segunda Guerra se han seguido dando diversos enfrentamientos armados, aunque menos sangrientos y de menor escala, pero que han detenido la conquista de la paz mundial. A continuación enumero los conflictos actuales alrededor del mundo, poniendo especial énfasis en la Guerra contra al narco en México, que nos compete como latinos o mexicanos.

Guerra Civil Somalí
Inició: 26 de enero de 1991.
Área afectada: Somalia.
Muertos: entre 300,000 y 400,000

Al ser expulsado el líder represivo Siad Barre del poder de este país al norte de África, se desató una revolución buscando su restablecimiento en el poder. Las Naciones Unidas intervinieron militarmente repetidas ocasiones en los años noventas sufriendo bajas considerables debido al ambiente de anarquía que imperaba en el país. Varias regiones de Somalia han declarado su independencia temporal instalando sus propios gobiernos, de los cuales sólo Somalialandia ha recibido reconocimiento internacional. En el 2006 la Unión de Cortes Islámicas, un grupo de aplicación musulmana, tomó la capital Mogadisco y actualmente luchan para expandir su territorio.

Guerra Civil Afgana
Inició: 1978
Área afectada: Afganistán
Muertos: entre 600,000 y 2,000,000

En abril de 1978 con un golpe de estado se instalan en el gobierno el partido comunista. Con el colapso de este régimen en 1992, y la retirada de las tropas soviéticas se desató un movimiento civil de guerreros santos o mujahidin. En 1994 se formó el movimiento talibán que tomó control de casi el 95% del territorio afgano. Para el 2001 hubo intervención de tropas británicas y estadounidenses para instalar el orden y derrocar a los talibanes como parte de la Guerra contra el terrorismo.

Guerra del noroeste de Pakistán
Inició: 2004
Área afectada: Noroeste de Pakistán y frontera de Afganistán.
Muertos: más de 30,000


Éste es un conflicto armado entre el ejército pakistaní y los militares islámicos, talibanes y extremistas. Todo comenzó en el 2004 cuando el ejército de Pakistán empezó una caza de elementos pertenecientes del Al-Qaeda, las tensiones degeneraron en resistencia armada entre las tribus locales de la zona de Waziristán, una provincia al noroeste de Pakistán. Dichas poblaciones se presentaron a favor de la guerra contra el terror de George W. Bush. Desde que comenzó la guerra, Pakistán ha perdido tres veces más soldados que los ejércitos americanos en Afganistán.

Guerra en Iraq
Inició: 2003
Área afectada: Centro de Iraq, alrededor de Bagdad.
Muertos: entre 100,000 y 1,000,000


En estos momentos la tensión étnico-religiosa entre los grupos Shia y los musulmanes da una gran inestabilidad política al país, por lo que muchos expertos en Relaciones Internacionales no logran ponerse de acuerdo en la pertinencia de nombrarla guerra civil. En marzo del 2003 una invasión de diversos países derrocó al partido Ba’ath del poder, responsable de la invasión de Kuwait en 1990. Sin embargo, la razón de la invasión que se hizo pública fue la búsqueda de armas químicas y biológicas que le había negado Saddam Hussein a la ONU anteriormente. El país se dividió en tres zonas con el control de las fuerzas armadas polacas, americanas y británicas. Se formó un gobierno temporal en el 2004 con Ghazi A. El-Yawer a la cabeza, pero siguen los enfrentamientos armados entre ambos grupos.

Guerra contra el narcotráfico en México
Inició: 11 de diciembre 2006
Áreas afectadas: Baja California, Chihuahua, Durango, Sonora, Sinaloa, Guerrero, Michoacán, Tamaulipas, Nuevo León, San Luis Potosí, Guanajuato y Quintana Roo, principalmente.
Muertos: alrededor de 30,000 a agosto del 2010

Con la toma de protesta como presidente de México, Felipe Calderón inició una política de uso de las fuerzas armadas para reprimir a los cárteles de droga mexicanos. Al debilitarse los cárteles colombianos, principales productores y exportadores de narcóticos en el mundo, los cárteles mexicanos tomaron poder formando alianzas con sus similares de Colombia y fortaleciéndose gracias al mercado de consumo de drogas en Estados Unidos. El Departamento de Estado de los Estados Unidos estima que el 90% del tráfico de cocaína que entra al país transita por una ruta originada en Colombia y que cruza por México.

Sin embargo, el narcotráfico no es algo de hace poco, ya desde los años setenta se veían confrontaciones entre cárteles, incluso la CIA sospechaba que gente de altos cargos como el ex presidente Carlos Salinas de Gortari tenía vínculos con el narco.

Con la tibia presidencia de Vicente Fox no se hizo frente a las organizaciones del narcotráfico y, debido al cierre de fronteras en Estados Unidos a partir del 11 de septiembre del 2001, el consumo de drogas se disparó en México al no poder distribuir los narcóticos al exterior.

El primer enfrentamiento directo con el narco se da en 2006 cuando Felipe Calderón envía 6,500 tropas a Michoacán para frenar la violencia generada en el estado. Al paso de los años, el Presidente no disminuyó los enfrentamientos contra los cárteles a pesar de que la corrupción de las autoridades ha hecho que sus políticas sean insuficientes.

Para nosotros los civiles, México no es el mismo. El clima de violencia ha ganado que varios estados de México se consideren como los más peligrosos del planeta y la descarada inoperancia de las leyes favorecen a crímenes menores que no tienen conexión con el narco. México es el único país en el hemisferio occidental en donde hay estado de emergencia y varios países alertan a sus ciudadanos sobre viajar a territorio mexicano.

Todos los días los periódicos del país se inundan con notas de ejecuciones, balaceras y secuestros cada vez más crueles y sangrientos en una guerra que ha afectado a todos los mexicanos, una guerra a la que no se le ve fin inmediato.

Imágen cortesía de Carlos Latuff


 

La guerra y los juegos del poder

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PobreEl mejor 

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“Haced el amor, no la guerra”, decían los espectaculares en lo alto, colocados en algunas de las ciudades más importantes de mundo, pagados ni más ni menos que por John Lennon, donde hacía ver su repudio por la guerra de Vietnam. Actitud de protesta que fue imitada alrededor del planeta por tantos otros artistas, activistas y todo tipo de gente disgustada por la guerra.  Éstos eran los años sesenta, y a más de cuarenta años de distancia es justo preguntarnos: ¿Hemos perdido la sensibilidad ante lo deleznable que son las guerras? ¿O será que simplemente vivimos en un tiempo en que estamos rodeados de violencia, y que, la guerra ha perdido su concepto original porque se manifiesta en mil formas a la vez?  

Desde principios del siglo pasado, los grandes adelantos de la tecnología, a la par con la sofisticación de la truculencia política --aunados a la insaciable ambición de algunos hombres--, han hecho de la guerra un concepto que ha tomado muchas formas a través de sus diferentes manifestaciones. Éstas han ido desde las guerras civiles o internas, las guerras entre dos o más naciones, hasta llegar a las guerras mundiales, de las cuales hubo dos en un lapso cortísimo de 21 años.  Al punto de que, con tanto bamboleo, este aporreado mundo ya no siente lo duro sino lo tupido.

En los hospitales de veteranos he visto muchos hombres lisiados por la guerra de Vietnam. Unos cojos, otros en silla de ruedas, algunos amputados, otros con el rostro desfigurado, etcétera, etcétera; todos ellos hombres sesentones o arriba de los cincuenta.  Pero nunca había estado tan impresionado como cuando vi en la calle a aquella hermosa joven que usaba muletas porque le faltaba una pierna de la rodilla hacia abajo; mi conmoción fue tal que estuve a punto de llorar. Luego supe que era una más de las víctimas de la guerra de Irak, ese fenómeno catastrófico provocado por la ambición de los mismos hombres que han estado en la escena política mundial por los últimos cincuenta años y que, a cada una de las generaciones modernas, nos ha tocado padecer en diferentes formas.

Personalmente he conocido veteranos de Vietnam, el Golfo Pérsico, Irak, y hasta Corea. Todos ellos son gente que ha sido tocada de por vida, y su única forma de lidiar con tal trauma ha sido a traves de las drogas (lícitas e ilícitas) o el alcohol.  Algunos de ellos no sólo navegan con el trauma mental y emocional, sino con males físicos irreversibles causados por el anthrax, en el caso de los del Pérsico, y el agente naranja, en los de Vietnam. El veterano de Corea que conocí era un hombre afable y risueño, que siempre estaba bromeando; siempre y cuando se tomara su medicina, desde luego, porque cuando no, era un completo Mr. Hyde.

Muchos han sido los artistas que han puesto su arte al servicio de la noble causa de denunciar los horrores de la guerra. Artistas de la talla de Picasso, con su Guernica, mural que, aunque siguiendo la línea abstracta propia del cubismo, refleja --por su impresionante imaginería-- la terrible experiencia del pueblo tras el bombardeo de la ciudad del mismo nombre, durante la Guerra Civil española. Una historia que se siente como un puñetazo en la cara es, Johnny Got His Gun, novela acerca de un joven que vuelve de la guerra hecho un pedazo de carne: sordo, ciego, mudo, y con todas sus extremidades amputadas. Novela en la cual el autor, Dalton Trumbo, mostró tal vehemencia por su obra buscando difundirla a una audiencia más amplia al encargarse él mismo de la dirección de la película basada en su libro.  Otra obra, en este caso una canción, de Silvio Rodriguez, llamada “Sueño de una noche de verano”, le mueve a uno las fibras y hace sentir la indignación por la contaminación del mundo, causada por el juego bélico del poder, al destruir la armonía y placidez de la paz.  Y éstos son sólo algunos ejemplos de protesta artística audible y visible.

Ahora, fuera de algunas manifestaciones de figuras tales como Neil Young, Willie Nelson, y alguna que otra figura juvenil, la denuncia de la guerra en tiempos actuales no tiene la misma representación estridente o apasionada que alguna vez tuvo. Y la protesta en su tenue expresión tiene más de lamento que de grito indignado.

De acuerdo al diccionario de la Real Academia Española, guerra es “la desaveniencia y rompimiento de la paz entre dos o más potencias” y la “lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación”.  En otras palabras, guerra no es únicamente la que se pelea con soldados, o un acto bélico formal entre bandos, sino también lo que presenciamos todos los días en nuestra comunidad, con la violencia de pandillas y la lucha entre los cárteles de la droga, con el rap y el narco-corrido como soundtrack.  Y ni qué decir de la delincuencia común producida por la drogadicción que impacta, y seguirá impactando a la gente de manera inimaginable, como cualquier guerra de bandos. Porque al igual que las grandes guerras, esto también está promovido por los grupos secretos de poder, en su afán por apoderarse del mundo y de la voluntad de la gente.

Miles de familias en Estados Unidos sufren la zozobra de saber que, en cualquier momento, algún oficial de las fuerzas armadas puede tocar a sus puertas para darles la mala noticia de que su ser querido, que sirve a su país en el ejército americano, ha perecido en algún árido paraje del Medio Oriente. Y lo mismo pasa con tantas familias mexicanas que no están exentas de la posibilidad de recibir en cualquier momento nefastas noticias o el atentado a su misma persona. Todo ello debido a la guerra de los cárteles que el tráfico de drogas ha traído a un país otrora modelo de holganza y comodidad para los turistas norteamericanos que se paseaban por sus fronteras a placer, en busca de emociones fuertes; hoy ni imagen de los más nefastos sueños. Y, al igual que los hospitales de veteranos en los Estados Unidos, en las calles de la frontera mexicana se empieza a ver con más naturalidad a los lisiados –en más de un aspecto--, producto de la guerra del narco.

Habiendo dicho todo esto, pienso que tal vez a muchos ni les va ni les viene, y que la situación actual es lo último que les pasa por la mente. O que, ultimadamente tal vez no sea la profusión de las guerras lo que nos hace insensibles, sino el pensamiento que como dice la canción, “ya ni llorar es bueno”, y la certeza de que hay tiempos que tienen que cumplirse, lo queramos o no. Amén.


 

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Más vale en paz un huevo que en guerra un gallinero.

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