Eventos
Encuesta
Which country should the U.S. invade next?

This article is also available in English.
Dios bendiga a mis padres, los amo, pero hombre, en algún momento sesgaron mis opiniones acerca de lo que es una relación sana. Durante los primeros siete años de mi vida los vi peleándose como a los niños de cinco años les quitan su juguete de las manos. Nunca hubo conversaciones civilizadas o momentos en los que los haya visto trabajar juntos tratando de resolver sus problema sin confrontarse el uno al otro. Y después que se divorciaron, fui testigo de sus hábitos en las citas que me hicieron pensar “Jesús, no sé si alguna vez quiero estar en una relación, olvidémonos de casarme. Simplemente parece mucho sufrimiento”.
¿El más grande problema que capté? La comunicación. No tenía idea de lo que significaba comunicación, lo que parecía articular claramente lo que estaba sintiendo sin ponerse histérico. No sabía cómo escuchar y apreciar de dónde venía la otra persona. Estaba (algunas partes de mí siguen estando) hecha un desastre.
Había visto problemas similares con algunos amigos con sus hábitos en las relaciones que resultan casi un espejo de las de sus padres, o algunas veces, peligrosas e insanas formas de convertirse en lo opuesto porque tienen temor de hacerse como sus padres.
Me di cuenta que había adoptado los hábitos de mis padres después de pelear con un ex. No recuerdo el porqué de la pelea (estaba en preparatoria así no pudo haber sido nada serio), pero recuerdo que pensé en mis adentros, “¡Santa Madre! Esto es lo que mis padres hacen”, entré en pánico, me sentí condenada, abrumada, espantada de la posibilidad de ser así para siempre. Pensé que sería imposible tener una conversación civilizada con alguien. Me sentí destinada a una vida de encuentros a gritos con mis futuras parejas.
Seguí saliendo con chicos que peleaban conmigo. Y cuando salí con alguien que trató de ser tranquilo y racional, me aburrí porque era demasiado civilizado. Necesitaba la pasión. Necesitaba pelear. Necesitaba sobrepasar mis límites a tal punto para actuar como una perra psicópata. No me gustaba ser de esta forma, pero así estaba, secando las lágrimas de mi cara después de una gran pelea, sintiéndome vacía y pensando, “Hay una mejor manera de lidiar con esto”.
Como cualquier persona normal, tengo cuestiones sin resolver con mis padres que tuve que conciliar. Así que, sí, ellos son malos comunicándose. ¿Esto los hace malas personas? No. ¿Qué podría aprender de ellos? Ciertamente había algo que hizo que su relación durara 25 años. Pensé un largo rato en eso. Realmente fueron días en los que estuve pensando en una cosa que pudiera apreciar de ellos dos juntos. Se amaban profundamente, casi al extremo, pero su pasión era incuestionable. Parte de las razones por las que peleaban tanto era porque querían que la persona que amaban entendiera de donde venían. Sin embargo, esa pasión nubló su capacidad para ser civilizados el uno con el otro.
Me di cuenta que, como mis padres, soy una persona pasional, y cuando me enamoro de alguien, amo con fuerza. ¡Caramba! Incluso cuando sólo me gusta alguien me preocupo en un nivel más profundo de lo que una persona “normal” lo haría. Es simplemente una parte de mi personalidad, mi trabajo es aprender cómo manejarlo.
Recientemente fui probada sobre mi forma de reaccionar con alguien con quien estaba saliendo. De ahora en adelante me referiré a él como “Sr. Deporte Bueno” porque incrementó mi loquera. El Sr. Deporte Bueno me hizo creer que iría a la casa de unos amigos cierta noche. Cuando llegué a su casa más tarde, parecía estresado, como si hubiera visto a un cachorro siendo arrollado por un auto. “Hola”, le dije, tratando de entender lo que estaba pasando. “Necesitamos hablar”, dijo. Siempre he odiado la frase “necesitamos hablar”. Simplemente me molesta. De cualquier manera, nos fuimos a sentar en su porche y noté que estaba batallando para decirme lo que quería decirme. Quería empezar a llorar a pesar de que él no había dicho nada todavía. Quería ser dramática como si estuviera viviendo en una película. Pero recordé todas las veces en las que eso no había funcionado en ninguna de mis relaciones, así que hice algo verdaderamente difícil para mí: escuché. Cuando él dijo lo que tenía que decir, me di cuenta que él estaba en casa de su ex novia tratando de terminar con ella. Quería enojarme. Quería decir “eres un estúpido”. Pero no pude. No pude ni siquiera disgustarme. ¿Estaba dolida porque él había sentido la necesidad de mentirme de antemano? Sí. Pero después de que hablamos por unos minutos y realmente escuché y procesé lo que decía, me fue imposible enojarme.
Este momento me hizo darme cuenta que me es posible no actuar como una loca cuando salgo con alguien. Estoy segura que mis padres pudieron haber aprendido esto en algún punto de su matrimonio si se hubieran dado el tiempo de escuchar. Apuesto que incluso se perdieron de mucho por su pasión y deseo de ser entendido se perdió y fue malentendido en fealdad y coraje puro.
El punto es, podemos elegir lo que tomamos de nuestros padres. Algunas veces será difícil deshacerse de ciertos hábitos, pero éstos pueden romperse. Tal vez en lugar de enfocarnos en todas las cosas que nuestros padres hicieron mal, podríamos intentar encontrar cosas positivas acerca de sus relaciones. Y, si tus padres están completamente locos y no hay manera de tomar una sola página de su libro, trata de emular a las parejas que admiras. Confía en mí, las hay ahí afuera; solamente tienes que prestar atención. Y nunca tengas miedo de evaluar tu propio comportamiento. Darme cuenta que actúo como una tonta algunas veces me hizo más fácil parar de hacerlo. Sólo tuve que decirme, “¡Demonios! Me estoy convirtiendo en mi madre”, y eso cambió todo.
| < Anterior | Siguiente > |
|---|
MP3 de la Semana
JuTub
Proverbio de la Semana

Más vale en paz un huevo que en guerra un gallinero.
Clima








