No soy un viajero consumado, yo viajo cuando puedo y como puedo.
Tengo el espíritu pero no los recursos, aún así he tenido mis momentos y finalmente me considero un viajero.
Para los que comparten mi gusto adictivo por la actividad en cuestión, saben lo mucho que significa esa palabra. Viajar es la motivación final, no sólo el destino, sino los medios para llegar, los recursos financieros, las comidas contadas, la mochila inseparable, el calzado más cómodo, el favorito para andar, no sabes si vas a caminar por pasto, rocas, arena, pavimento o tierra, pero sabes que puedes confiar en tu calzado, tenis, botas o huaraches, al final no importa mientras estés viajando.
Los viajeros saben que el aroma de un autobús es diferente cuando va que cuando regresa; han estado en salas de espera en diferentes horarios, noche, tarde, madrugada; saben que viajar de noche les ahorra un día de hospedaje (cuando no acampan) y les evita un día perdido; para ellos una terminal de camiones o un aeropuerto es como una iglesia.
Un caminante reconoce instintivamente los lugares más baratos, tiene paciencia para esperar el “aventón” y sabe lo que significa ir sentado en la parte de atrás de una camioneta entre costales de verduras o cajas.
Un viajero hace porciones de amigos, una porción en cada viaje, reconoce a otros viajeros y los ayuda cuando puede y es necesario.
Un viajero advierte el aroma de la libertad.
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