Como iba de paseo por las blancas arenas de South Beach, intenté lo mejor que pude no actuar como un turista; pero un chico blanco (haciéndose cada vez más rojo), usando una guayabera, shorts y Crocs, un atuendo bastante llamativo. Además, la cámara colgando de mi cuello… Creo que es fácil imaginárselo.
Así pues, pretendiendo ser un fotógrafo profesional, que sí soy en el sentido de que las fotografías que estaba tomando eran parte del registro del viaje; el plan era estar parado ahí y tomar fotografía tras fotografía de cosas que pienso valdrían la pena documentar: altísimos y modernos hoteles, las brillantes y coloridas torres de los salvavidas, las aguas verdes azuladas del Océano Atlántico y las bañistas en topless.
Por otra parte, ya sabía que las cosas estarían un poco subidas de tono en Miami pero, para ser honesto, no estaba preparado en lo más mínimo para el espectáculo que iba a presenciar. Sin embargo, sé cómo apreciar una cosa buena y en lugar de caminar sólo un par de cuadras a lo largo de la playa, como era mi intención original, caminé cerca de diez. Aunque muy tímido para tomar fotografías directamente a las hermosas y despampanantes mujeres, lo que hice fue disparar astutamente la cámara hacia abajo en algunas ocasiones y caminar recto.
Desafortunadamente, al final de cuentas, no soy un fotógrafo profesional y la mayoría de mis fotografías de la playa terminaron arruinadas por la excesiva luz del mediodía. Pero bueno, lo haré mejor la próxima vez.
Escuché por ahí que algo así como 1500 modelos profesionales viven y trabajan en South Beach y, debo admitir, que me sentí como un cojo en un concurso para patear traseros: no tenía ni una oportunidad. Aunque no estaba ahí para participar activamente en la escena social de South Beach, sino para observar y reportar. Y eso es exactamente lo que estoy haciendo.
Me registré en el South Beach Hostel el miércoles por la noche, iba batallando con dos grandísimas maletas, una mochila alta y la laptop, y nadie me ofreció su ayuda, mientras que había por lo menos una docena de personas reunidas en el lobby-bar del hostal mirando el último debate presidencial y la única persona que se dio cuenta de mi presencia, me miró de arriba abajo y preguntó: ¿Te estás mudando?
Sobre los hostales, si cuenta con un presupuesto limitado son un excelente lugar para quedarse. Claro, si no le importa compartir un cuarto con varias personas, quienes además toman, roncan, o simplemente huelen mal, yo diría “sí, adelante”. Pero si espera una cama cómoda, un baño funcional o ayuda con su equipaje, lo mejor sería ir a cualquier otro lugar.
Pero, para un reportero, no hay mejor lugar para establecer su base que un hostal con el flujo constante de hombres y mujeres jóvenes de todo el mundo que salían y entraban por las puertas del South Beach Hostel. Estaban los simbólicos suecos que solían congregarse al lado derecho de la entrada a fumar cigarros, un grupo de estudiantes austriacos que rentaron un carro porque su misión en la vida era ir a Hooters y tres hermosas brasileñas que llegaron, echaron un vistazo alrededor, y yo estaba seguro que estarían saliendo a primera hora en la mañana. Era, después de todo, pasada la medianoche.
Después de caminar por la playa me encontré con Howie, un amigo de un amigo, en bikini.com. Hablando de un trabajo de ensueño. Se trataba de uno de esos clásicos escenarios en los que alguien te dice “si vas a Miami tienes que conocer a Howie”, y estoy feliz de haberlo hecho. Él y Fane, uno de los diseñadores de Howie, me dieron un paseo por la oficina y los mejores lugares para ver gente en South Beach.
La oficina está sobre la calle Lincoln Road, que es un centro comercial abierto para peatones que abarca cerca de ocho cuadras hacia el oeste de la avenida Washington. Dos cuadras arriba, a la derecha de la tienda de chocolate Ghiradelli, se encuentra el café de David (David´s Café) y como estaba con el ánimo para algo de comida cubana, pero no había manera de que pudiera pagar un viaje en taxi hasta la Pequeña Habana (Little Habana), entonces hice lo mejor que pude y me quedé ahí, el tradicional platillo Ropa Vieja estaba delicioso, aunque creo que mi receta de frijoles negros es mejor.
Después de la comida emprendí mi camino de regreso al este, a Ocean Drive, que corre de norte a sur separada por el Atlántico por la extensión arenosa de Lummus Park. A lo largo de Ocean Drive hay docenas de hoteles art-decó con cafés a un lado y al frente, muchos de ellos especializados en cortes y mariscos. El detalle artístico lo dan los autos clásicos estacionados enfrente de varios restaurantes y, definitivamente, no hay duda de que se siente todo con aire muy cubano en la playa.
Pero realmente es en la noche cuando las cosas cobran vida. Tanto Lincoln Road como Ocean Drive son las calles en las que confluye toda la gente, entre locales y turistas con ropa de playa o con sus mejores atuendos. Lincoln Road es el lugar para sentarse a disfrutar una buena comida – abundan los restaurantes italianos – y Ocean Drive es el sitio ideal para las fiestas más relajadas y con más actitud. Ya sea que usted esté apoyado en la barra de Wet Willie´s, disfrutando de un vaso con uno de sus famosos daiquiris (sabores incluidos: Attitude Adjustment [ajuste de actitud], Shock Treatment [tratamiento de shock] y Call a cab [llama a un taxi], recostado y disfrutando deliciosos mariscos en cualquiera de los numerosos restaurantes que hay o moviendo el “bote” en Mango´s Tropical Café, de cualquier forma, el mejor tiempo de su vida está garantizado.
| < Anterior |
|---|