El séptimo cielo

 :: Foto por Mateo Monda

En Colombia, como en muchas otras partes, los de arriba tienen un miedo terrible de los de abajo. Los primeros piensan que los segundos están constantemente pensando en maneras para dañarlos o quitarles sus preciosas pertenencias. Es como si estuvieran siempre pensando esto en lugar de simplemente vivir.

El sistema de castas de Colombia está basado en seis diferentes niveles económicos llamados estratos. En el primer estrato, el más bajo de la escala, están aquellos que cuentan únicamente con los servicios más básicos: un techo, electricidad, agua corriente y si tienen suerte, drenaje y vertederos de basura. Los del sexto estrato, la crema y nata de la sociedad, tienen todo lo que necesitan – y algo más – incluyendo guardias de seguridad en los puestos de vigilancia. Sólo habría que intentar robar algunos tapones de auto en esos vecindarios… puede que únicamente se consiga una fractura de cráneo.
En el norte de Bogotá (el estrato seis), soldados armados cuidan a aquellos que, irónicamente, los consideran por debajo de ellos. Los únicos hombres con uniforme que viven en el estrato seis son los generales del ejército y ellos regularmente tienen algún ingreso extra que les permite pagar las elevadas rentas de la zona.

Por supuesto que esta sensación de seguridad conlleva un costo, después de todo, no hay nada gratis. Impuestos, rentas y servicios están estimados de acuerdo al nivel económico de cada estrato social. Todo sale más caro al norte de Bogotá: electricidad, leche, cigarros… todo. Pero, les garantizo que aquellos que pueden pagarlo están dispuestos a hacerlo – y sin ninguna otra razón más que poder decir que pertenecen al sexto estrato.

Y luego están aquellos completamente fuera de la escala. Los ceros, quienes si tienen suerte cuentan con una lona sobre sus cabezas y quienes son considerados por los otros estratos como unos invasores simplemente por no tener un lugar al cual llamar casa, pues se establecen donde les es posible y tratan de hacerse una vida ahí, hasta que alguien más llega y los envía a otro lado.

No hay asistencia social para estas personas, ningún programa gubernamental, no vales de comida, no nada. Ellos subsisten con lo poco que la madre naturaleza les provee, cualquier pieza reciclable de la basura que van encontrando por su camino y con las dádivas que reciben de algunas personas dispuestas a ayudarlos. Realmente no tienen más opciones que rendirse y morir pero sus instintos los obligan a sobrevivir, hacer lo mejor de la nada y transmitir la esperanza de que algún día, de alguna forma, alguien en su familia verá mejores días.

Y, si hay un estrato social más bajo que el primero, debe haber uno todavía más alto que el sexto. Creo que lo llamaría el “Séptimo Cielo”, en el que sus habitantes tienen todo lo que quieren y más; y su filosofía es simple: economía de escala, la ley de la selva, ley del más fuerte, etc. Simplemente toman lo que quieren y, si a otro estrato no le gusta, bueno… pues que coman pastel.


Valoración de los usuarios: / 0
PobreEl mejor