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Which country should the U.S. invade next?

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Desde que me mudé a Seattle de Guadalajara ha sido difícil para mí encontrar mi lugar. Dejar atrás todo y empezar de nuevo, me encontré desesperado por encajar, desesperado por un grupo de apoyo, desesperado por amigos. Y, como el padre gringo y soltero con total custodia de sus dos hijas mexicanas adolescentes ¿simplemente cómo vamos con el“encajar”?
Una de las formas más usuales para conseguir amigos cuando se es nuevo en un lugar es a través de la escuela de los niños. Es un hecho que nuevas sub-sociedades son formadas entre los niños y sus compañeros de clase, pero también entre los padres de esos niños. Sin embargo, debo admitir que ha sido bastante difícil para mí encajar en la cultura de la escuela de mis hijas. Considerando que me mudé en la mitad del ciclo escolar y que no quería separar a mis dos hijas más de lo necesario. Las escuelas públicas no resultaron una opción, así que opté por una escuela católica. La escuela católica más cercana con cupo disponible para ambas niñas está conformada por cerca del 97 % de afroamericanos, 2% de asiáticos, 0,95% caucásicos y dos mexicanas. Esto no quiere decir que no apreciemos las otras culturas, pero además del hecho que un número sorprendente de niños fueron adoptados por parejas del mismo sexo, las posibilidades de que vayamos a convivir con la mayoría de estas familias son bajas.
Otro lugar en el que podemos hacer amigos es en el trabajo, pero si trabajas desde casa o desde cualquier cafetería te sentirías más o menos como yo lo hago, es muy parecido a ir contracorriente y el trabajo infantil es ilegal en este país.
Entonces está el vecindario. Mis hijas y yo vivimos en la casa de mi niñez en Capitol Hill con mi padre viudo así que tengo algo de ayuda con las niñas. Siento como si fuéramos el sabor de la semana, con un par de hermosas niñas corriendo alrededor y hablando en español. Después estoy yo, el chico nuevo que parecía demasiado cómodo en esta colonia que se ha convertido con el pasar de los años en exclusiva – exclusivamente blanca (y rica!).
Los únicos otros latinos en el vecindario son jardineros y sirvientas. De hecho, la única persona de color son los irlandeses malencarados, con excepción de un puñado de niños extranjeros adoptados a la Angelina Jolie. Pero ellos realmente no se acercan a nosotros y realmente nosotros no nos acercamos a ellos. No siento que tengamos en realidad algo en común. Mis hijas van a una escuela distinta, no somos ricos y prefiero ir a fiestas con latinos…
Y luego, hubo una llamada telefónica. Los vecinos de la esquino a los que apenas conozco y que tienen dos hijas más o menos de la edad de las mías nos llamaron para invitar a las más pequeña a unirse al equipo de futbol de los mayores. Y pues no dejé pasar la oportunidad.
Debido a que no tengo un trabajo normal tenía tiempo de compartir la obligación de trasladar gente en mi auto y llevar a las niñas a la práctica. Debido a que podía llevar a las niñas a la práctica, tuve la oportunidad de conocer a las mamás de las otras niñas que hacen lo mismo. Gracias a que conocía a las madres, no tenía nada de qué hablar con los padres durante los juegos. Debido a que no tenía nada de qué hablar con los padres acerca de los juegos, me encontré acercándome hacia las otras madres… ¡oh, mierda!
La última cosa que esperaba ser era una Mamá de Futbol. Estoy en las listas de correo – ninguno de los otros padres lo está. Corto naranjas y las llevo al juego; mi opinión es respetada en relación a qué tipo de pizza ordenar; ayudo con ideas sobre el tipo de regalo para el entrenador al final de la temporada. Hablamos acerca cosas de nuestras hijas como el inminente (o ya existente, en muchos casos) ciclo menstrual, organizamos fiestas y pijamadas, compartimos recetas. Me encantaría disipar los estereotipos acerca de las Mamás del Futbol, pero no puedo, porque desde que me convertí en una de ellas, no las veo únicamente como mis amigas “mujeres”, también las veo como a mí mismo.
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