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Which country should the U.S. invade next?
No sé que esperaba después de divorciarme…
Aunque mi meta inicial era nada más liberarme del infierno que era mi matrimonio, también quise volverme a enamorar, a sentir la pasión y el cariño, y olvidarme de todo el odio y dolor que se había acumulado con los últimos años. Necesitaba sentirme querido y respetado por alguien, sentimientos que se habían desaparecido hace mucho, y que se habían reemplazado con el desprecio y la indiferencia.
Y no me fue tan mal, al principio. Una amiga que yo había conocido por años también se estaba separando, y hasta mi esposa, el día que por fin decidí irme de la casa, me dijo que ella y yo seríamos una buena pareja. La idea de que yo le valía madres a mi esposa fue un golpe más a mi baja autoestima, pero a la misma vez, me di cuenta de que ella tenía toda la razón, y poco tiempo después de dejar mi casa familiar, invité a esta amiga a salir.
Ya había química desde hace mucho, y hubo una familiaridad entre nosotros que nunca existía entre mi esposa y yo. Esta mujer era madura, determinada y cariñosa. Teníamos mucho en común, podíamos platicar de todo, nos tratábamos a cada quien como cada uno quería ser tratado.
Pero algo hacía falta, o no estaba listo, o simplemente fue por el famoso rebote—nunca llegamos a establecer una relación estable como pareja, y nuestro romance se desbarató. Yo me acuerdo el momento en que el derrumbe empezó… Estuvimos juntos en una exposición de la industria alimenticia cuando me encontré con una visión de preciosidad como jamás había visto: la modelo de Chocolate Turín.
Por alguna razón, sentí que ella era la representación ideal de la belleza, y me acuerdo claramente voltear mi cabeza hacía arriba y pedir, en voz baja, “¿Por qué no puedo estar con ella?”
Mi respuesta llegó unos días después cuando conocí a una muchacha fachosa y estudiosa en la universidad en donde yo tenía negocios. De pura casualidad, empezamos a platicar, una cosa nos llevaba a otra, y en unos días más, me encontré en una cita con ella. Durante el transcurso de la noche, algo se me hizo muy familiar de la muchacha, y me di cuenta que ella se veía diferente sin sus lentes y arreglada para salir.
“De pura casualidad,” le pregunté, “¿trabajas como modelo?” Ella confirmó lo que nunca hubiera imaginado: que era la chica Turín.
Pero como en cada caso de oraciones y peticiones, ten cuidado con lo que pides... A mis treinta y pico años, no sé como se me ocurría como podría tener una relación normal con una mujer que todavía estudiaba en la universidad, pero me aventé de todos modos. Y aunque no me hubiera gustado sufrir tanto de nuevo, me dio gusto tener la oportunidad de darme cuenta de lo que no quería.
Después de demasiado tiempo y demasiados problemas, me encontré en la oficina de un terapeuta con la intención de arreglar mi relación, pero cuando me preguntaron porque estaba en terapia, la primera cosa que salió de mi boca fue, “Necesito terminar con mi novia.” Era tan obvió, que hasta mi subconsciente lo sabía.
Dejé esa relación y desembarque en un viaje de encontrar lo que realmente quería, lo que realmente necesitaba, lo que realmente merecía. Pero a pesar de las diferentes mujeres que conocía, a pesar de las diferentes oportunidades que tenía, nadie resaltó lo suficiente como enamorarme. Me acuerdo estar en terapia haciendo un ejercicio que incluía hacer una lista de todas las mujeres con quienes estaba involucrado. Me di cuenta que hasta mi ex-esposa todavía ocupaba espacio innecesario en mi vida, sin mencionar las otras mujeres que estaban en el periférico de mi vida.
Llegué a darme cuenta de que sin enfocarme en mí mismo primero, sin aceptar la realidad que era mi vida y sin poner en perspectiva que era lo que realmente buscaba en una relación, que nunca iba a encontrar la felicidad que buscaba tan desesperadamente.
Decidí hacer algo al respecto. Me puse a trabajar en mí mismo. Al darme cuenta que la única manera en que iba a encontrar la felicidad en una relación era encontrar la felicidad primero en miguelito, dejé de sentir la necesidad de estar con alguien no más por estar con alguien. “Mejor sólo que mal acompañado”. Me enfoqué en limpiar el desmadre del pasado y vivir en el presente.
Más sin embargo, volví a encontrar al amor. ¡Bum! Cuando menos lo esperaba, llegó en la forma de una diseñadora que empezó a trabajar en las oficinas nuevas de diseño gráfico a un lado de mi oficina. Desde la primera vez que la conocí, supe que ella tenía algo especial. A parte de ser guapa, simpática y modesta, ella radiaba bondad y compasión como si fuera el aura de una santa. Ella mostraba interés genuino en quien era yo y que hacía; el sentimiento y el interés fueron mutuos.
Nació un romance que fue a la vez el más prometedor y el menos probable de mi vida. Sentí por la primera vez que había encontrado mi pareja perfecta: mutuo interés, admiración y atracción. Solo había una cosa…bueno, muchas cosas, como ella luego me admitió. Aunque hay una diferencia notable en edad, el problema principal fue más por la diferencia en experiencia de vida. Ella: joven, fresca, buscando su lugar en el mundo; Yo: viejo, sazonado, y con un papel muy marcado.
Como hombre divorciado y como padre de dos hijas, hay una cierta realidad que tengo que aceptar: no quepo en el perfil del esposo ideal para muchas.
Los Hijos. Aunque más maternal que la Virgen de Guadalupe, y aunque más santitos que el niño dios, tener a los hijas/hijos de otra/otro en la vida de una/uno no es para todas/todos, algo que en aquella etapa de mi vida no consideraba.
La Ex. Aunque menos involucrada en tu vida, el estigma de que existe una/un “ex” es bastante pesado—especialmente en el caso de tener hijos.
La Mancha. Aunque tan modernos y liberales que nos consideramos, no se quita la mancha del divorcio. Aún religioso o no—y aún tan popular que sea—el divorcio siempre ha sido y siempre será presente.
El Daño. Aunque lo quiero admitir o no, estoy dañado…tengo las cicatrices y el equipaje para comprobarlo. Yo jamás estoy dispuesto a divorciarme, y por esa misma razón, soy más escéptico que un hombre que jamás se había divorciado.
A pesar de todo, sé que quiero tener una pareja de nuevo. Y estaba seguro que he encontrado a la persona indicada—mi otra mitad, mi medio limón. Hasta ella misma me ha dicho que ella también creía lo mismo en mi… Pero nuestros caminos no se cruzaron en el momento correcto, porque para ella, olvídate de que soy Gringo y mayor en edad, la idea de estar con un hombre que ya ha compartido todo lo que es especial en un matrimonio con alguien más es simplemente demasiado para ella—eso, o realmente no somos almas gemelas.
Yo he visto como ella sufre con el peso de mi pasado, y ella entiende porque sigo aferrado a ella después de tanto tiempo de no estar juntos. No creo que nadie más en este mundo entienda mejor que ella y yo el porque sí y el porque no de nuestro amor. Ella no puede aceptar lo mío, y yo no puedo aceptar que ella no acepte eso. Y aún después de tantos ultimátum, ninguno de los dos podemos dejar ir completamente al otro. Es como que cada uno, a su manera, cree en el “y vivieron felices para siempre…” Pero a la misma vez, la realidad de la situación, a pesar de todo el amor en el mundo, es un obstáculo que parece insuperable.
Nunca en la vida me ha pasado algo así: siempre en el pasado, cuando se había terminado una relación, se había terminado. Jamás hubo algo de delusiones que arreglar y tener un futuro. Pero, por alguna razón fuera de mi habilidad de comprender, en este caso, esa esperanza, deseo y disponibilidad para que los dos estemos juntos algún día persiste—y no solamente en mi. Sólo pido la tranquilidad para aceptar cualquier eventualidad, la mente abierta para reconocer el amor si me vuelve a encontrar, y la paciencia y la humildad para no perderlo.
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